Stefan Zweig, lector de Montaigne

Leo el Montaigne de Stefan Zweig, libro que su autor no alcanzó a terminar pues se suicidó en Petrópolis, Brasil, el 22 de febrero de 1942 (el Señor de la Montaña, pienso, no lo habría censurado: nuestra vida, recordaría citando a Séneca, depende de la voluntad de otros; nuestra muerte, de la nuestra; sin embargo, no deja de ser paradójico que se matara leyendo a Montaigne, el más jovial y alegre de los escritores). El libro abunda en ideas y frases felices, pero quizá las mejores son las que reflejan su concepción de la lectura de Montaigne, algo que cualquier verdadero lector de los Ensayos suscribiría: “No tengo conmigo un libro, una literatura, una filosofía, sino un hombre del que soy hermano, un hombre que me aconseja, que me consuela y traba amistad conmigo, un hombre al que comprendo y que me comprende. Si tomo los Ensayos, el papel impreso desaparece en la penumbra de la habitación. Alguien respira, alguien vive conmigo, un extraño ha entrado en mi casa, y ya no es un extraño, sino alguien a quien siento como amigo”. Eso son, precisamente, los Ensayos, no un libro, sino una presencia viva.
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Historiar la literatura

Historia literaria desideretur” (o, en buen romance, “se echa de menos una historia literaria”), lamentaba Francis Bacon en el siglo XVII, mucho antes de que aparecieran las primeras historias modernas de la literatura. Pocos fenómenos literarios más interesantes, justamente, que el de historiar la literatura. ¿Cómo se escribe, en efecto, una historia literaria?

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Crítica, ¿para qué?

El New York Times convocó a seis críticos literarios para que reflexionaran sobre la importancia de la crítica literaria hoy, en la edad de la información instantánea y la opinión fácil. ¿Cuál es el lugar del crítico literario en la sociedad actual? ¿Tiene alguno? Las respuestas, en forma de ensayo, son muy sugerentes. Sería interesante plantear un debate así en México.

http://www.nytimes.com/2011/01/02/books/review/Tanenhaus-t.html

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Thomas Mann vivo

Releo el Thomas Mann vivo (Era, 1972) de García Ponce. Resultado de la admiración y el entusiasmo por una obra (invariable origen de la mejor crítica), es una excelente introducción al mundo de Mann y un auténtico ejemplo de ensayo de crítica literaria. A través del comentario de sus principales obras (Los Buddenbrook, Tonio Kröger, La muerte en Venecia, La montaña mágica y el Doctor Faustus), García Ponce va conduciendo al lector por el intrincado itinerario espiritual y artístico del autor. Grato compañero de viaje para el lector familiarizado con el Zauberer y estupenda invitación para quien no.… Leer

El libro de Juan García Ponce

Releo El libro, nouvelle de Juan García Ponce. Me exasperan, a ratos, esas frases larguísimas, sinuosas, interminables, paradójicas, que tanto fascinaron a García Ponce durante una etapa, aquella en que más acusaba el influjo de Musil (y no por nada el libro en cuestión es un libro suyo). La trama –la relación entre un profesor y su alumna– avanza tortuosamente a través de ellas. De cualquier forma, como de costumbre, hay imágenes (recurso garcíaponcesco por excelencia) y frases memorables:

–¿Por qué me miras tanto? –dijo Marcela, alzando el brazo y poniéndole un instante la mano sobre los ojos.
–Para hacerte ser. Siempre te he mirado –contestó Eduardo.

(Una reseña de otras novelas de García Ponce, Inmaculada y Pasado presente, por acá: http://www.letraslibres.com/index.php?art=13352 ).… Leer

La crítica ocasional

Convencida de la ineficacia del realismo tradicional, Virginia Woolf dedicó sus mejores obras a la construcción de una nueva novela, una novela totalizadora que abarcara la vida en su integridad. Con este propósito escribió La señora DallowayAl faro y Las olas. Preguntarse de qué tratan estas novelas es una pregunta condenada al fracaso: tratan de la Vida, y no hay tema relevante en ésta que no figure en aquéllas. Junto a estas obras –escritas hace ochenta y cinco, ochenta años– cuántas novelas “modernas” no parecen absolutamente anticuadas, rancias, empeñadas en el realismo más ramplón. Woolf es más moderna que muchos de nuestros novelistas contemporáneos. Leyendo Las olas, en uno de los monólogos de Bernard (que se encuentra intentando escribir una carta a una muchacha que desea impresionar), me topo con el siguiente pasaje sobre la crítica: “… y hacerlo intercalando unas cuantas reflexiones aparentemente ocasionales pero de tremenda profundidad (la crítica profunda a menudo se escribe ocasionalmente) acerca de un libro últimamente leído…”. Amén.… Leer

Fitzgerald, entre el champagne y el whisky

Releí hace poco, con creciente desencanto, The great Gatsby (quizá porque volví a ella con demasiadas expectativas, me llegó a parecer incluso inferior a This side of paradise y hasta The beautiful and the damned, aunque seguramente no lo es) y me pregunto si no será la gran superstición de la literatura norteamericana. Fitzgerald mismo (buen narrador, pero desde luego no un novelista de primer orden) está evidentemente sobrevalorado; es, más bien, un gran novelista menor: ligero y grácil, como el champagne que corría en sus fiestas y las de sus héroes. Pero no quiero ser ingrato: hace algunos veranos descubrí que uno de los grandes placeres de la vida consiste en leer a Fitzgerald tomando un baño de tina, bebiendo whisky y escuchando Miles Davis (un placer snob, ya lo sé, qué se le va hacer).… Leer

Más desencanto leopardiano

XXI
Hablando no se experimenta un placer que sea vivo y duradero, sino cuando nos es permitido discurrir sobre nuestros propios asuntos y de las cosas en que nos hallamos ocupados y que, en cierta medida, nos pertenecen. Cualquier otro discurso nos aburre al poco rato y lo que es placenterio para nosotros resulta tediosamente mortal para quien lo escucha…

XXXIV
Suelen creer los jóvenes, de una manera bastante común, que son más interesantes fingiéndose melancólicos. Y acaso, cuando es fingida, la melancolía puede agradar durante un breve espacio de tiempo, especialmente a las mujeres. Pero si es verdadera, de ella huye todo el mundo y, a la larga, no es agradable, no es digna de provecho en las relaciones entre los hombre, sino la alegría. Porque, finalmente, contra lo que piensan los jóvenes, el mundo, y no se equivoca, no ama el llorar, sino el reír.

LXXVI
Nada existe en el mundo más raro que una persona habitualmente soportable.

Pensamientos
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Leopardiana

Leo los Pensamientos de Leopardi, “sobre los caracteres de los hombres y su comportamiento en la Sociedad”. Todos destilan, como era de esperarse, el proverbial pesimismo leopardiano (por cierto, ya nunca puedo leer a Leopardi sin recordar la lapidaria observación de Pessoa que, precisamente por parecérsele tanto, lo comprendía muy bien y podía darse el lujo de la ironía, sobre la premisa en la que estaría fundada su obra: ‘soy tímido con las mujeres, ergo Dios no existe’, es una metafísica muy poco convincente). Hay algunos memorables, como éste sobre el tedio, que ya parece el tema del mes (curioso, porque he estado muy poco tedioso últimamente):

LXVII
“Se dice con muy poca propiedad que el aburrimiento es un mal común. Un mal común es el estar desocupado, o mejor dicho, el no hacer nada; pero no el estar aburrido. El aburrimiento no es propio sino de aquellos para los que el espíritu significa algo. Cuanto mayor es el espíritu, más frecuente, penoso y terrible es el aburrimiento. La mayor parte de los hombres encuentran bastante ocupación en cualquier cosa y bastante deleite en cualquier ocupación insulsa y cuando están del todo desocupados, no sienten por ello gran pena. De aquí se deduce el que los hombres de sentimientos sean tan poco entendidos en lo que se refiere al tedio, y produzcan en el vulgo unas veces estupor y otras risa, cuando hablan del mismo y se duelen de él con aquella gravedad de palabras que suele usarse a propósito de los males mayores y más inevitables de la vida”.… Leer

El tedio de Alberto Moravia

Termino de leer El tedio de Moravia. En realidad, sólo los primeros capítulos tratan propiamente del tedio, luego éste es sustituido por una mucho más vulgar pasión erótica (la pasión podría pensarse como una forma de tedio, pues para el sujeto que la sufre el mundo desaparece por completo y se encuentra condenado a vivir sólo para el objeto de su pasión –el “pensamiento dominante” que decía Leopardi–, pero en realidad no, pues nadie se aburre menos y vive menos ocioso, para su desgracia, que el que vive pendiente del más mínimo movimiento de otro). Aunque la trama de la obsesión amorosa es memorable (yo la pondría junto a la de Lolita o La muerte en Venecia), me hubiera gustado que Moravia y su protagonista, Dino, siguieran divagando sobre el tedio, a ver hasta dónde llegaban. Ésa hubiera sido la verdadera novela sobre el tedio (que yo sepa, la mejor obra sobre el tema no es, por cierto, una novela: el Libro del desasosiego).… Leer

Breve historia del tedio

“En un principio, por lo tanto, fue el tedio, vulgarmente llamado caos. Dios, aburriéndose del tedio, creó la tierra, el cielo, el agua, los animales, las plantas, Adán y Eva y éstos, aburriéndose a su vez en el paraíso, comieron el fruto prohibido. Dios se aburrió de ellos y los expulsó del Edén; Caín, aburrido de Abel, lo mató; Noé, aburriéndose verdaderamente un poco demasiado, inventó el vino; Dios, aburrido otra vez de los hombres, destruyó el mundo con el diluvio, pero esto le aburrió también hasta tal punto que mandó volver el buen tiempo. Y así sucesivamente. Los grandes imperios egipcios, babilónicos, persas, griegos y romanos surgieron del tedio y se derrumbaron por el tedio; el tedio del paganismo suscitó el cristianismo; el tedio del catolicismo, el protestantismo; el tedio de Europa hizo descubrir América; el tedio del feudalismo provocó la revolución francesa; y el del capitalismo, la revolución rusa. Todas estas bellas invenciones fueron anotadas en una especie de tabla sinóptica; después, con gran celo, empecé a escribir la historia propia y verdadera. No lo recuerdo bien, pero no creo haber llegado más allá de la descripción muy pormenorizada del tedio atroz que sufrieron Adán y Eva en el paraíso y de cómo, precisamente a causa de ese tedio, cometieron el pecado mortal. La cuestión es que, aburrido a mi vez del proyecto, lo abandoné en este punto.”

Alberto Moravia, El tedioLeer

Constant sobre el amor

Releo el fin de semana el Adolphe de Benjamin Constant (1767-1830). De mi primera y ya algo remota lectura, recordaba, sobre todo, la penetración psicológica, la observación que en un par de frases explica las razones de una conducta. La trama –inspirada en su affaire con Madame de Staël– trata sobre la pasión de un hombre joven con una mujer mayor. El enamoramiento y las primeras fases del amor están apenas descritas y la mayor parte se concentra en el largo y pantanoso proceso de la separación de los amantes, que la irresolución del protagonista no hace sino agravar (pocas cosas más nocivas, en términos sentimentales, que la falta de resolución, por compasión o comodidad; se termina, invariablemente, haciendo más daño). Cito, sin embargo, una descripción de la primera parte, no la menos luminosa de la novela: “El amor sustituye la falta de recuerdos de un modo casi mágico. Todos los demás afectos necesitan el pasado: el amor crea un pasado como por encantamiento y nos rodea de él. Nos da, por así decirlo, la conciencia de haber vivido durante años con un ser que no hace mucho nos resultaba casi extraño. El amor es sólo un punto luminoso. Hace unos días no existía, pronto dejará de existir; pero, mientras existe, expande su luz tanto sobre la época que lo ha precedido como sobre la que debe seguirlo”.… Leer

R. L. Stevenson, ensayista

Google me informa que es cumpleaños de Stevenson (160). Con Montaigne, Alain y otros muy pocos, Stevenson es una de esas aves rarísimas de la literatura: un escritor de la felicidad y la alegría. Entre sus obras, siempre he preferido los ensayos. Hace un par de años el FCE y Siruela reunieron algunos en un volumen, Memoria para el olvido. Los ensayos de Robert Louis Stevenson. Va la reseña de entonces:

La ambigua fama de Stevenson como narrador –cifrada casi en un solo libro al que, si bien sería difícil negarle su condición de clásico, no se le deja de juzgar con cierta condescendencia como literatura juvenil– ha opacado largamente su labor como ensayista. Y, sin embargo, Stevenson es uno de los mejores ensayistas en lengua inglesa, idioma que el género, luego de un deslumbrante nacimiento en los dominios del Señor de la Montaña, pareciera casi haber adoptado (por qué el creador del ensayo encontró sus mejores descendientes al otro lado del Canal de la Mancha y no en su patria es cuestión sobre la que no voy a elucubrar aquí). El temperamento alegre y optimista expresado a lo largo de su obra tampoco ha contribuido a que se le tome en serio: ¿quién era este ingenuo, más parecido a ratos a un niño que a un adulto, que se la pasó predicando la felicidad y el valor?

Seguir leyendo: http://www.jornada.unam.mx/2009/01/11/sem-leer.html

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Poesía novohispana de Martha Lilia Tenorio

Hasta ahora, prácticamente todo lo que conocíamos de la poesía novohispana (aparte de las Flores de baria poesía, cancionero original del siglo XVI) se debía a la clásica antología de Alfonso Méndez Plancarte, Poetas novohispanos, publicada originalmente entre 1942 y 1945, y que de hecho quedó incompleta, pues el último volumen, dedicado al siglo XVIII, nunca alcanzó a ver la luz. Así las cosas, en otras antologías y estudios solían repetirse los mismos poetas y poemas, y poco menos que los mismos juicios. La poesía novohispana era la poesía novohispana de Méndez Plancarte (lo que, desde luego, no fue culpa del erudito, que no prohibió seguir investigando, sino más bien de nuestra negligencia literaria y académica). Hasta ahora. La aparición de esta monumental Poesía novohispana de Martha Lilia Tenorio va a cambiar definitivamente ese panorama…

http://www.letraslibres.com/index.php?art=15048

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Heroidas, VII

Releo un par de Heroidas (la de Dido a Eneas y la de Ariadna a Teseo) en la traducción que Alatorre publicó en los cincuentas en la UNAM. Luego releo la versión en tercetos que hizo Diego Mejía en 1608 (Del Parnaso antártico, disponible en el original en el maravilloso Google Books y también en la benemérita colección Crisol de Aguilar). Hay partes memorables, como aquella en que Dido ruega a Eneas que se quede, sino por ella, por Iulo, su hijo:

No te detenga yo, pues es mi suerte
tan corta; Iulo te detenga luego.
Bástete a ti gloriarte con mi muerte.
¿Qu’ha merecido Ascanio, dime, ciego?
¿Qu’han los penates dioses merecido?
¿Daslos al agua y libraslos del fuego?
Mas que digo, ¡oh, traidor!, tengo entendido
que ni llevas contigo a Iulo y menos
qu’a tu padre en tus hombros has traído.
Ni qu’a tus hombros, de piedad ajenos,
oprimieron tus dioses, como cantas
con esos labios de mentiras llenos.
En todo mientes, todo lo levantas,
no comienza a mentir de mi tu lengua,
siempre has mentido y con mentir encantas.

Gracias a Virgilio y Ovidio, Eneas se convirtió en el paradigma mitológico del hombre que abandona. Habría alguna vez, supongo, que escuchar las razones de Eneas.

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Antonio Alatorre (1922-2010)

Durante mucho tiempo, Antonio Alatorre fue para mí básicamente el autor de Los 1001 años de la lengua española y un profesor mítico del que hablaban mis padres, antiguos alumnos suyos en El Colegio de México. Años después, yo mismo tuve oportunidad de asistir a sus seminarios de poesía áurea en la UNAM (para entonces ya no daba clases en el Colegio, donde a la sazón me encontraba, pero si Mahoma no va a la montaña…). El mejor, sin duda, el dedicado al Primero sueño. Allí, a lo largo de un semestre, no hicimos otra cosa que leer, verso por verso, el poema de sor Juana (a Alatorre le gustaba repetir la anécdota del colega que, genuinamente extrañado, le preguntó un día a un alumno suyo: “Oye, y ustedes ¿qué hacen en el seminario de Alatorre?”; “Leemos poesía”, contestaba simplemente el alumno; “¿Y nada más?”, insistía, incrédulo, el profesor; “Pues sí, y nada más”, concluía, orgulloso, Alatorre). Quienes en algún momento asistimos a sus clases tuvimos el raro privilegio de ver en acción a un verdadero maestro de lectura, un filólogo en toda la extensión de la palabra. Alatorre podía ser feroz en sus reprimendas (“Qué curioso ser tan ignorante…”, fulminaba a quien hacía una pregunta obvia), pero era enormemente generoso y, a diferencia de tantos profesores, no tomaba a mal que alguien disintiera razonablemente e incluso, de vez en cuando, le enmendara la plana. Buscaba, ante todo, la lectura correcta, la verdad del texto, no la suya propia. Renuente a publicar libros (prefería, con mucho, los artículos, que periódicamente aparecían en la Nueva Revista de Filología Hispánica), no fue sino hasta los últimos años que se decidió a publicar algunos. Entre ellos, su tan esperada edición de la lírica personal de sor Juana, el Sor Juana a través de los siglos y El sueño erótico en la poesía de los Siglos de Oro. Discípulo de Raimundo Lida (que a su vez lo fue de Amado Alonso, que a su vez lo fue de Menéndez Pidal), Alatorre era el heredero directo de una tradición filológica. Toca ahora a sus alumnos y discípulos, en la medida de lo posible, honrar la lección del maestro.… Leer

El último Realista

Bueno, de vez en cuando la Academia Sueca acierta. Luego de haber premiado últimamente a escritores francamente medianos, por decir lo menos, su elección de este año es incuestionable. Por mucho que les pese (y les pesa) a los compañeros progresistas y bienpensantes latinoamericanos, si algún escritor de lengua española merecía hace rato el premio era Vargas Llosa. De los escritores del Boom, el más consistente y el único que ha sabido mantener un nivel a lo largo de los años (confróntese con los casos de García Márquez y Fuentes). Pienso en Vargas Llosa como en el último gran Realista de la literatura. Él es el heredero directo y legítimo de una tradición que empezó, digamos, con Stendhal y que perfeccionó su admirado Flaubert; él es, también, su último eslabón. Por supuesto que se siguen y se seguirán escribiendo novelas apegadas a las convenciones del Realismo (como se siguieron escribiendo epopeyas mucho después de muerto el género), pero la novela más moderna busca desde hace tiempo otros caminos, una mezcla de ficción, ensayo y escritura autobiográfica (piénsese en Roth, Kundera, Coetzee, Naipaul); se aparta de los cánones realistas y busca, en sus mejores momentos, rescatar su herencia cervantina y sterniana. La grandeza del novelista Vargas Llosa consiste en lo que tiene que decirnos acerca de la dimensión política y social del hombre; en pocas palabras, el hombre entre los hombres. Poco tiene que decirnos del hombre frente a sí mismo y no se diga de su dimensión metafísica. En su riguroso Realismo (y no lo digo como una censura, sino como una observación) radica su grandeza y su miseria.… Leer

Mundo Houellebecq

Termino de leer Las partículas elementales de Michel Houellebecq. Antes había leído, en un año nuevo en Puerto Escondido, Ampliación del campo de batalla, más breve y lograda que ésta, aunque quizá no la lectura más idónea para la playa. Entiendo que el personaje Houellebecq (véase la foto) despierte odios y amores intensos, pero habría que intentar olvidarlo un poco a la hora de juzgar su obra. Para muchos es un autor francamente menor, una especie de anacrónico existencialista posmoderno. Ampliación sería así, por ejemplo, una caricatura de El extranjero de Camus. No lo creo. Ampliación, en particular, es un libro notable (no así Las partículas), una novela que retoma la desesperación ahí donde El extranjero la había dejado y la lleva más allá. Su protagonista es infinitamente más miserable que Mersault, al que todavía le queda el consuelo (no menor) de mantener un contacto con el mundo natural (el sol, la playa, la mujer). Los personajes de Houellebecq, en cambio, están completamente separados del mundo, encerrados en sí mismos, sin salida alguna. En ese sentido, el final de Ampliación es magistral: “El paisaje es cada vez más dulce, más amable, más alegre; me duele la piel. Estoy en el ojo del huracán. Siento la piel como una frontera, y el mundo exterior como un aplastamiento. La sensación de separación es total; desde ahora estoy prisionero en mí mismo. No habrá fusión sublime; he fallado el blanco de la vida. Son las dos de la tarde”.… Leer

Contra el derrotismo

Asqueado de todo esto, me resisto a vivir.
Ver la conciencia forzada a mendigar.
Y la esperanza acribillada por el cinismo.
Y la pureza temida como una pesadilla.
Y la inquietud ganancia de pescadores.
Y la fe derrochada en sueños de café.
Y nuestro salvajismo alentado como virtud.
Y el diálogo entre la carne y las bayonetas.
Y la estabilidad oliendo a establo.
Y la corrupción, ciega de furia,
a dos puños: con espada y balanza.
Asqueado de todo esto preferiría morir,
de no ser por tus ojos, María,
y por la patria que me piden.

Gabriel Zaid,
Lectura de Shakespeare (soneto 66)… Leer

Philip Roth: vida y ficción

Leo estos días Exit ghost de Philip Roth, el último libro de la serie dedicada a Nathan Zuckerman, alter ego del autor. Roth, en mi opinión, es el mejor novelista en lengua inglesa escribiendo actualmente. Su lugar ya no está entre los otros escritores norteamericanos o sus estrictos contemporáneos, sino entre los grandes novelistas modernos. Frente a él estamos frente a ese raro fenómeno: el clásico vivo. Como en toda obra prolongada, dentro de la suya hay libros mejores que otros, valles y montañas. Su novela más reciente, The humbling (la reseña, aquí: http://www.letraslibres.com/index.php?art=14495) no es una obra maestra, pero el lector la acepta como una pieza menor dentro del vasto mundo rothiano. Exit ghost, en cambio, es una obra de mayor alcance. Nadie como Roth ha sabido mezclar realidad y ficción, autobiografía y novela, vida y literatura: trasformar la vida en literatura, fundiéndolas en una unidad indisoluble. A este proceso, justamente, se refiere el pasaje que apenas me dejó dormir anoche: “But isn´t one´s pain quotient shocking enough without ficitional amplification, without giving things an intensity that is ephemeral in life and sometimes even unseen? Not for some. For some very, very few that amplification, evolving uncertainly out of nothing, constitutes their only assurance, and the unlived, the surmise, fully drawn in print on paper, is the life whose meaning comes to matter the most”.… Leer