Los minutos. Monólogo de Ramón López Velarde



Quizá la muchacha de aquella noche tenía razón. ¡Qué criatura tan encantadora! Me miró con asombro, casi horrorizada, cuando le respondí exaltado que no tenía hijos ni quería tenerlos. Soy un bruto; creo que la asusté. Era una pregunta inofensiva, perfectamente normal. La mayoría de los hombres que la visitan están casados y tienen hijos, correctos padres de familia en busca de una distracción. ¿Debía yo sorprenderme y reaccionar como reaccioné? Cualquiera habría dicho que me había insultado. Me avergoncé de inmediato y le pedí disculpas. Sin embargo, apenas se recuperó de la sorpresa, replicó con vehemencia: “¡No! Tú tienes que tener un hijo.” “Un hijo que sea igual a ti”, agregó dulcemente, acariciándome la cara.

https://www.letraslibres.com/mexico/revista/los-minutos

1 comentario en “Los minutos. Monólogo de Ramón López Velarde

  1. Estimado Pablo Sol Mora, anoche terminé de leer, en la revista impresa de junio, «Los minutos». De los varios textos del dossier dedicado a RLV lo dejé al final… e impensadamente ha resultado una suerte de postre inesperado y delicioso.
    No te conocía literariamente y, por tanto, «Los minutos» se convierte a la vez en mi personal puerta de entrada a tu obra, que de aquí en adelante buscaré con frecuencia, sin duda.
    Por cierto, no soy más que un lector más, aunque entusiasta, sin duda, como creo que dijo Borges, y pocas veces un artículo me lleva a buscar en internet el «quién es quién» del autor en cuestión, como ha sido el caso.
    La búsqueda ha sido más que recompensada al encontrarme con tu Blog, sobrio y muy completo, supongo.
    De cualquier modo, como ahora, lo más probable es que vaya por tus libros a las librerías, en papel.
    Me permito un comentario más: me asombra la vigencia de RLV, que ha dado lugar a estas «paráfrasis» (no encuentro el término correcto) como tu artículo en prosa, como los versos de David Huerta (otro hallazgo), y como Un corazón adicto, que gocé enormemente hace unos meses, mientras voy leyendo Un acueducto infinitesimal.
    Me despido corrigiéndome: me asombra… y no, creo que no podía ser de otro modo. Pareciera que el destino le dio al poeta de Jerez una descendencia literaria que biológicamente él decidió cancelar.
    Un abrazo agradecido:

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