Diccionario Vila-Matas: Dandi



“Elige tu mejor aspecto”. La frase que abre En un lugar solitario, primera novela del autor, es ya una declaración inequívoca de dandismo. Éste se profundizará en el resto de su obra (el shandy es, de hecho, un dandi, por supuesto). Pero el dandismo, para Vila-Matas, no ha sido un mero concepto literario, sino una actitud vital, una disposición del espíritu. Las fotos del joven escritor (y algunas posteriores, como la de Jordi Steva, de 1993, que aparece en la solapa de Lejos de Veracruz, o la más reciente de Fuera de aquí) no dejan lugar a dudas: estamos frente a una encarnación conciente del mito del dandi. En el texto dedicado a Patricia Highsmith en Para acabar con los números redondos se narra su mítica entrevista con la autora que, a una pregunta acerca de su héroe, el exquisito Tom Ripley, habría contestado: “Me recuerda a usted. No es exactamente un criminal. Trata de ser un dandi” (p. 414). Pero, ¿quién es el dandi?, ¿qué es el dandismo?
En el principio, está la figura de George Brummell, el Beau, que brilló en el periodo de la Regencia en Inglaterra, árbitro de la elegancia que se jactaba de tardarse cinco horas en vestir y que elevó el nudo de la corbata a obra de arte. Pero el dandismo pronto rebasó la elegancia exterior del Beau, de quien Byron –dandi él mismo, pero ya de una clase superior– afirmaba con malicia no exenta de envidia que sus corbatas habían tenido más ideas que él. El dandismo, que parte de la apariencia y no la olvida nunca, se interiorizó, profundizándose. El aspecto exterior será ahora fundamentalmente la expresión del refinamiento y la singularidad del espíritu, consecuencia y no esencia del dandismo. Así lo entendieron los nuevos dandis, con Baudelaire a la cabeza, máximo teórico del moderno credo. En la ficción, quizá nadie encarnó mejor su figura que el stendhaliano Julien Sorel que, de humilde cuna y a cuya distinción bastaba el negro riguroso, sobresalía sin esfuerzo entre los aspirantes a dandies en Londres (“tiene un no sé qué de imprevisible”, explica su benefactor, el marqués de La Mole). Su nobleza, su superioridad, provenía de su fuero interno y encontraba una expresión natural en su austera elegancia.

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