Sobre el pesimismo



Leo el recién reeditado El arte de conocerse a sí mismo de Schopenhauer. Me parece confirmar lo que siempre he pensado: su pesimismo (el pesimismo de cualquier pesimista, así como el optimismo de los optimistas) se debe, fundamentalmente, a una cuestión de temperamento, no al pensamiento racional. Hay un fragmento revelador:

Heredé de mi padre un miedo que yo mismo aborrezco y… que combato con toda la fuerza de mi voluntad, el cual me sobreviene con motivo de las más nimias ocasiones con una intensidad tal que puedo representarme vívidamente las peores desgracias, aunque sean meras posibilidades, incluso posibilidades muy remotas. Cuando solo tenía seis años de edad, mis padres, que regresaban a casa después de un paseo, me hallaron en la más completa desolación, porque yo creía que me habían abandonado para siempre. En mi juventud me atormentaron enfermedades y peleas imaginarias. Mientras cursaba en Berlín mis estudios me consideré durante un tiempo anímicamente extenuado. Al declararse la guerra en 1813 me aterrorizaba la idea de ser llamado a filas. De Nápoles me ahuyentó el miedo a las paperas, de Berlín el miedo al cólera. En Verona me asaltó la obsesión de haber inhalado tabaco envenenado. Cuando estaba a punto de abandonar Manheim, me invadió sin motivo aparente un indescriptible sentimiento de angustia. […] Incluso cuando no estoy especialmente alterado, me acompaña siempre una preocupación interior que me hace descubrir y buscar peligros donde no los hay, y que intensifica la más mínima molestia hasta el paroxismo y dificulta enormemente mi trato con los demás.

Este rasgo de carácter es lo que está detrás de El mundo como voluntad y representación; es este miedo el que proyecta al mundo transformándolo en un lugar desolado. El pesimista no es una persona que observa objetivamente al mundo y luego saca conclusiones negativas: es una persona que, predispuesta por su carácter al pesimismo, no puede sino explicárselo en términos negativos. El pesimismo no se deriva del análisis racional, lo antecede (y lo mismo sucede con el optimismo).

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