La uruguaya de Pedro Mairal



Entre las novedades de las editoriales independientes de Barcelona, compro y leoLa uruguaya (Libros del Asteroide, 2017) del argentino Pedro Mairal, de quien nada sabía. La novela narra un día aciago en la vida de Lucas Pereyra –escritor pobre y cuarentón atrapado en una vida familiar sofocante– en que va a Montevideo a cobrar un dinero y a encontrarse con una chica que espera se convierta en su amante (la uruguaya en cuestión, claro). El dinero se lo roban, no logra acostarse con la mina y todo acaba más bien en desastre, pero la narración retrospectiva permite a Lucas echar un poco de luz sobre las ansiedades del hombre contemporáneo, cuestiones que su antepasado de hace un siglo o quizá solo medio apenas se cuestionaba: el matrimonio, la paternidad, la familia. La novela, que se lee con la ligereza con que se vería una película sobre el mismo tema (digamos This is 40 de Judd Apatow), adolece de cierta cursilería y de casualidades dignas de una telenovela, pero las reflexiones tragicómicas de Lucas no carecen de lucidez. Por ejemplo, sobre la asfixia matrimonial:

“Me tranquilizaba sentir que había una parte de mi cuerpo que no compartía con vos. Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerta, mi intimidad, aunque solo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas… Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionás en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlos con un lazo eterno. Es pura asfixia la idea.”

O sobre las fatigas de la paternidad:

“Mi hijo. Ese enano borracho. Porque era así a veces, como cuidar un enano borracho que se pone emocional, llora, no le entendés lo que te dice, lo tenés que estar atajando, lo tenés que levantar porque no quiere caminar, hace un desastre en el restorán, tira cosas, grita, se duerme en cualquier lado, lo llevás a la casa, tratás de bañarlo, se cae, se hace un chichón, empuja muebles, se duerme, vomita a las cuatro de la mañana. Vos sabés que lo adoro a mi hijo. Lo quiero más que nadie en el mundo. Pero a veces me agota, no tanto él sino mi constante preocupación por él. A veces pienso que no tendría que haber tenido un hijo a esta edad.”

Al final (matrimonio roto, familia separada), Lucas tiene algo claro: “Digo esto porque últimamente estuve pensando bastante en el tema de la familia y el matrimonio. Va a sonar como que me hago el superado, pero de verdad te digo: tenemos que pensar de una manera nueva”. De entrada parece inobjetable, pero ¿cuál sería esa manera? Las soluciones insinuadas al final: matrimonios de tríos, hijos viviendo a medias con el padre y la madre (véase un tratamiento despiadadamente realista en la película The squid and the whale de Noah Baumbach, un auténtico manual de cómo no criar hijos), padres divorciados que vuelven a casarse (ahora con personas de su mismo sexo), etc., no acaban de ser del todo convincentes porque, de una forma u otra, todas recaen en los mismos moldes institucionales de los que en principio quieren distanciarse. Repudiar el matrimonio tradicional, por ejemplo, y luego proceder a casarte de otra forma es, en realidad, seguir apuntalando el matrimonio. La cuestión de fondo, quizá, es que dichas instituciones funcionaban, relativamente al menos, dentro de un orden social (con connotaciones jerárquicas, religiosas, heterosexuales, patriarcales, etc., que son anatema para los biempensantes modernos) en el que ya no se cree y que, de hecho, se rechaza, pero parece complicado querer conservar las instituciones y negar los presupuestos ideológicos que las originaron. Si lo que realmente se quiere es preservar la familia y el matrimonio (cosa que no hay por qué querer necesariamente, claro está, pero si es el caso), ¿habría, pues, que pensar de una manera nueva o, más bien, antigua?

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