El Leedor, décimo aniversario



En medio de la pandemia, el encierro y el trabajo en un libro en su etapa final, he abandonado El Leedor y me pasó de noche que hace poco llegó a su décimo aniversario. La primera entrada, “¿Qué es un leedor?” (http://pablosolmora.com/que-es-un-leedor/), data del 10 de julio de 2010. Desde el principio, El Leedor se propuso ser una especie de diario de lectura, el cuaderno de notas, o sea, el blog, de un lector. La condición indispensable –a la que me he apegado, más o menos– era la brevedad: textos críticos cortos, escritos un poco al vuelo, que no demandaran mucho tiempo de escritura ni de lectura (sigo pensando que el blog es un lugar ideal para brevedades y que no tiene sentido poner textos largos, de varias páginas, que exigen otros espacios). No sería un sitio de minuciosos análisis, sino de apuntes, impresiones rápidas: crítica ocasional, como la llamó Virginia Woolf. La intención era que el hipotético lector entrara y pudiera leer rápido un par de entradas y con suerte llevarse una recomendación o hasta una idea. Poco a poco fue haciendo espacio a las reseñas, normalmente publicadas en revistas y suplementos, y que no suelen exceder las tres o cuatro páginas (salvo aquella reseña de Ricardo Piglia y José Emilio Pacheco de veinte cuartillas…, el texto más insoportablemente largo de El Leedor).

Siempre representó para mí un modesto problema de crítica literaria el de qué hacer con las reseñas. Publicar, eventualmente, un libro compuesto únicamente de reseñas me parecía una salida algo aburrida. Son libros que, sospecho, solo leemos otros críticos, si es que se leen (y no que no haya libros memorables así: pocas lecturas he disfrutado más que los Textos cautivos de Borges, sus reseñas en El Hogar, o La utopía de la hospitalidad de Christopher Domínguez Michael, pero son excepciones). Había que buscarles colocación en otro lugar, junto a otro tipo de textos de crítica, y que con suerte integraran una obra sui generis. El Leedor ha sido ese lugar y algún día, espero, será un libro de reseñas y notas que se pueda leer a salto de mata, entrando y saliendo, sin orden ni concierto, una forma de lectura que siempre me ha sido grata. Nunca me he propuesto escribir aquí sobre todas mis lecturas, ni siquiera consignarlas (leo muchas cosas cuya huella no se ve aquí por ningún lado y que tienen otras salidas), pero, bien que mal, El Leedor da cuenta de mi vida de lector. Por lo pronto, diez años no parecen un mal principio.

 

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